Leyendo al compañero Oze me vino a
la cabeza una pequeña anécdota que me sucedió hace tiempo, o hace poco, porque
al igual que el tiempo es relativo, el pasado es un presente muy
eficaz...
Yo salía con mi primera novia (he tenido dos, la que te enseña
a amar, y la que te enseña a disfrutar de verdad del amor), y tenía que ir a
verla a dondequiera que estuviese en ese momento, porque ni vivía cerca de mí,
ni estudiaba donde vivía.
Eran tiempos aquellos de mucha lluvia (cosa
rara en mi tierra, por otra parte) y aquel hermoso día acabó mojado por todos
lados. Caía el atardecer y la guagua (autobús para los no iniciados) me acababa
de dejar en la capital. Esta lluvia era de esas que apenas notas si no fuera
porque en cinco minutos la ropa te pesa el doble. De la parada a donde estaba mi
chica había como unos dos kilómetros (igual habían paradas antes, pero yo no lo
sabía) y me encantó ir dando un paseo, me parecía romántico andar bajo la lluvia
en aquella tarde tan bonita.
Cuando llegué a mi destino sólo pude
acostarme y quedarme a dormir, la lluvia venía con viento de costado, y durante
los dos kilómetros no paró de golpearme en la sien, hacía mucho frío y eso
repercutió en un fuerte dolor de cabeza.
Tengo muy buena memoria
(selectiva, según dicen... me hace mucha gracia esa palabra, no me pregunten por
qué) y aún recuerdo con detalle días como aquel. De aquella chica recuerdo cosas
con cariño, otras con pena... Y puñeteros recuerdos, que cada vez que pienso en
algo malo de aquella relación, no puedo dejar de pensar en aquel preciso dolor
de cabeza, intenso y doloroso como si me estuvieran martilleando con un escoplo
en un punto exacto de mi cabeza, lado derecho justo encima de la
oreja!
Es sólo una anécdota, pero resulta curioso como lo que se percibía
como un momento romántico y solitario (me gusta el disfrute personal de mi
romanticismo, no siempre necesito compañía) en el recuerdo se ha convertido en
una parábola singular de una relación rota.
Un apunte: No guardo rencor
ni dolor por aquella relación, al final resulta cierto que el tiempo es poderoso
y lo cura todo... pero sí guardo pena, pena por una chica que desapareció de mi
vida completamente, cuando las cosas podían haber sido de otra manera, no creo
que el fin del amor sea el fin de las relaciones personales, soy un ser social
por naturaleza, pero bueno.
Dedico esta anécdota al bueno de Oze, que me recuerda a mí en la época
de la que hablo... un saludo!
Pensado por Luiso21