
Era tan pequeña, ella observaba los vestidos hermosos de las otras
niñas,
Y con sus manitos cubría el suyo ya desgastado por el tiempo, era la
menor de tres hermanas y siempre le tocaba la ropa que a sus hermanas ya no le
quedaban.
Sus piecitos desnudos se deslizaban por la polvorienta calle,
cubierta por el polvo, su imagen se veía irreal, como si flotara en una nube
celestial.
Sus pasitos lentos, su carita baja mirando un cuento que había
encontrado, eran como un tesoro para la pequeña.
Ella se sentó y su
mirada resplandecía al ver a la princesa del cuento, con sus cabellos largos que
iban al vaivén de la música de la danza, que con mucha gracia y elegancia
bailaba la princesa.
Y así se quedo dormida, soñaba que era esa princesa,
que era amada que lucía vestidos nuevos y sus piecitos ya no estaban
desnudos.
Mientras su príncipe rodeaba su cintura y cubría sus labios de
dulces besos, mientras le susurraba al oído cuanto la amaba.
Paso un
tiempo, la niña se transformo en una hermosa jovencita.
Conoció a un
joven, el era muy pobre
Ella al principio no lo quería, su sueño era
llegar hacer una princesita, pero con el tiempo el joven se gano su corazón y
ella amo por primera vez, dejo su sueño de princesa para convertirse en su
esposa y eran muy felices.
Juntos trabajaron duro y de a poco salieron de
la pobreza y ella pudo lucir vestidos nuevos y calzados finos.
Ella nunca
se olvido de los momentos de frio, hambre y soledad que pasó y cuando veía algún
niño necesitado siempre estaba allí para ayudarlo.
Su alegría fue inmensa
cuando nacieron sus hijos y allí se dio cuenta que era la reina de su hogar,
consentida, amada y amando con todo su corazón, se sentía muy feliz.
Un
día el dolor golpeo su corazón, su amado rey había puesto sus ojos en un nuevo
corazón y ella sintió que moriría de amor.
Pero viendo a sus pequeños se
hizo fuerte, cubrió su corazón de coraje y se entrego de lleno a sus hijos que
para ella eran como soles y lunas que daban calor a su alma herida.
Al
poco tiempo volvió el rey, con su rostro triste apesadumbrado, lleno de
vergüenza buscando ocupar su lugar en ese reino que entre los dos habían
construidos, ella nunca dejo de amarlo pero ya no sería lo mismo.
Cuando
una copa de fino cristal se rompe, se podrá pegar pero nunca volverá hacer esa
bella copa que un día brillo con todo su resplandor.
Así termina este
cuento, ella sola con su corazón lleno de amor y su rey siempre pendiente de
ella buscando ser un día el que la acaricie y bese con toda su pasión.
Ya
mujer comprendió que el dinero no hace la felicidad, la felicidad esta en las
pequeñas cosas de la vida, el amor, los hijos, amigos o simplemente mirando una
amanecer junto a tus seres queridos.