
A veces me parece increíble que algunos días tengan la difícil capacidad de transcurrir infinitamente lentos, o por el contrario, a una velocidad de vértigo. Cuando parece que tienes todo el tiempo del mundo para amar sin tener que mirar el reloj, siempre se deja resbalar el último día sin avisar apenas. Cuando deseas que llegue un día, con todas las ansias del mundo, remolonea en el quicio de la puerta, dejando que cuentes minutos y segundos, haciéndose de rogar.
Quizá la esencia del ser, hace que nosotros, subconscientemente también tengamos esa capacidad. ¿Cuántas veces hemos deseado un acercamiento de esa persona que se ha ido alejando cada vez más?
Tal vez no seamos tan diferentes de lo que nos ha sido dado intrínsecamente. Tal vez una dimensión más entre el tiempo y el espacio, tan incomprensibles como nosotros al fin y al cabo...